¿Os acordáis de Harry Potter? (No contestéis a eso, por favor.) Harry vivió mucho antes del fenómeno crepusculítico, del fragor de la blogosfera, de la furia del facebook y de que se organizaran ACTOS ENTEROS para la presentación de una simple portada (las sagas Hush, hush o Cazadores de Sombras son dos buenos ejemplos).
Harry era distinto.
Las portadas españolas de Harry Potter eran tan, tan feas, que su fealdad era incluso parte de su encanto. En los últimos tres libros, por ejemplo, Dolores Avendaño (la ilustradora) se superó a sí misma con los dibujos, de puro horrendos que fueron, y, sin embargo, la editorial los mantuvo celosamente en secreto hasta el día mismo del estreno.
Descubrir la portada de cada nueva entrega era parte de la magia de aquel primer día.
No necesariamente para mal, pero aquellos tiempos han quedado ya muy lejos.

























































