Por muy extraños que sean los ángeles, que no os engañen las poses eróticas: no busquéis que haya romance en la historia, porque si eso es lo que esperáis, sorry, ya podéis ir buscándoos una nueva víctima. Versátil vuelve a la carga, reinterpretando como quiere sus novelas y sacando portadas que no vienen al caso, pero por lo menos esta no ha sido aniquilada salvajemente y es aceptablemente visible. Si queréis saber de qué trata el libro de verdad de la buena, porque una servidora os quiere mucho y nunca os miente (palabrita de niño Jesús, que yo os juro por Snoopy que no tengo los dedos cruzados ahora mismo), pasaos por aquí a leer mi reseña. Pero como sé que la mayoría de vosotros sois casi tan vagos como yo, os la resumo: aceptable pero no sobresaliente... bla bla bla... muy buena y agobiante primera parte... bla bla... en la segunda parte pierde toda originalidad posible y se queda en mediocridad absoluta... bla bla bla bla... hay un par de chicos pero ningún amor... etcétera. No me apetece a mí tampoco escribir aquí lo que ya he escrito, porque no me apetece ponerme plasta y básicamente tampoco es que me acuerde mucho. Para eso hice ya una reseña en su momento y, con esa visión profética que me caracteriza (ejejem) colgué el primer capítulo. Prólogo. Lo que sea. En cualquier caso, lo mejor del libro con diferencia.
No es que la portada original fuera mucho mejor, todo hay que decirlo, incluso estéticamente era peor, pero por lo menos reflejaba más el carácter de Dru que el de una bailaora (mocos + eructos + golpes + pistolas + matar monstruos ultraterrenos + no hay tiempo para una ducha + pero qué guarro tengo el pelo, que seguro que lo levanto y se me aguanta la cresta sola, y a la portada española me remito). Lo siento mucho, pero como norteña que soy en toda mi alma, no soporto el flamenco. En cualquier caso, en octubre lo tendréis en las librerías españolas por un precio muy probablemente desorbitado. Así que vosotros mismos. Elegid bien, porque es posible que os guste. Pero también es posible que no (ay, pero qué filosófica he vuelto de mi viaje, hay que ver).
(Por si alguien no cayó en la cuenta, como es probable gracias a las sutilezas de la letra pequeña de la imagen: esto es publicidad de rebote de la revista Siete Letras.)
Y ahora voy a colgar algo que lleva pendiente tanto tiempo que seguro que aparece en los libros de historia, pero como buena fan de Vampire Academy que soy sería inconcebible que no os enseñara aquí la portada de la novela gráfica del primer libro (para qué engañarnos: seguro que sólo es la carísima novela gráfica de un trocito pequeñísimo del primer libro, creada con el único propósito de exprimirnos un poquito más nuestros paupérrimos ahorros). Seguro que no podré reprimirme y acabaré comprándola, que me conozco. Pero mientras tanto lo siento mucho, señora Mead, pero este Dimitri Belikov no acaba de ser MI Dimitri Belikov (y ¿sabéis qué? me muero por conocer a Adrian. Lástima que aún falten un porrón de tomos para eso).
(Con todos ustedes: Tontissa, la pechonalidad de Rose y el profesor Belikov.)
Y a pesar de que esta haya sido una entrada bastante breve y muy sosa, debo dejaros, pues me espera una nueva serie que empezar a ver hoy mismo y demasiadas reseñas que tengo que empezar a escribir ya mismo también (creo que voy a sacar a mi clon de debajo de la cama, y si no, pues a mi oso de peluche). Algunas de esas críticas serán muy buenas. Otras, tristemente, se han ganado a pulso ser aterradoramente horrorosas (pero muy terapéuticas para mí, todo hay que decirlo... *risa diabólica mientras me froto las manos*). Pero después de esta semana vacacional que me he tomado en el blog, van siendo horas.


