Título: Shadow Kiss (Vampire Academy #3)Autora: Richelle Mead
Editorial en inglés: Razorbill
Editorial en español: Alfaguara
Publicado en inglés: noviembre 2008
Publicado en español: 2 febrero 2011 (Alfaguara)
Sinopsis:
De momento no coloco ninguna, para evitar los spoilers.
Estrellas en pelotón:





Y todo lo demás:
Llevo:
- 5 meses sin Vampire Academy.
- 6 meses sin Georgina Kincaid.
- 7 meses sin Los Juegos del Hambre.
- Y 11 meses sin WAKE (aunque esto espero solucionarlo en breve).
Es decir. El mono conjunto de estas cuatro ME ESTÁ MATANDO. Necesito una válvula de escape YA. Y por eso voy a escribir la aproximadamente-más-o-menos-una-reseña de Shadow Kiss. Porque me va a dar un arrechucho si no hago algo pronto, y aquí está. Eso sí, sin capítulo adjunto. El capítulo caerá cuando salga a la venta Frostbite en castellano (que va a ser en abril, aunque no sé ni con qué título ni con qué portada). Lo siento, pero es que ahora mismo estoy en modo blogovago subido. Es más: en modo blogovago subido, de exámenes y con el cerebro en huelga.
Empecemos, pues, esta reseña sin spoilers de ninguno de los tres libros (o eso espero):
Primer punto a favor del libro: ¡¡¡es gordo!!! ¡¡Bien, bravo, MAGNIFIQUE!!! Bueno, no es que sea TAN gordo como mi pimpollo Blood Promise o el rechonchito Spirit Bound, pero está más rellenito que los dos primeros. Y eso son muy buenas noticias. Buenísimas. Las mejores. Un libro de Vampire Academy con sobrepeso hace que nos replanteemos si de verdad los McDonald’s son tan malos como dicen (madre mía... qué chiste tan absolutamente malo acabo de contar...).Y Shadow Kiss es, sencillamente, una maravilla. Una maravilla que va por el mundo en modo tragedia griega, eso sí. Lejos están ya las salidas de cabra loca de Rose, porque ahora nuestra Dhampir favorita se ha convertido en una mujercita seria y responsable, concentrada única y exclusivamente en el asesinato de vampiros malos. Y, oh, sí, en Dimitri también está muy concentrada (pobrecito, mi Adrian, que nadie te quiere tanto como yo). Aunque a veces está tan condenadamente concentrada que se pone terca como una mula. La chica es tan reservada y cabezota que más de una vez dan ganas de darle un par de coscorrones, para que no siga cometiendo una y otra vez los mismos errores de siempre. Porque los comete, sí, y es de lo más frustrante. Pero, en fin, es nuestra Rose, y por eso mismo la
Como ya hablé de Rose, voy a hablar de su mejor amiga, Lissa. Vassilissa “Lissa” Dragomir es un personaje al que no puedo ni ver desde el principio de la saga. Aunque en Shadow Kiss está más soportable que de costumbre, y hasta le tuve cariño en algunas escenas y todo. En cuanto a lo demás, sigue siendo fiel a su personalidad: la chica es clavadita a la Bella Durmiente. Todo el mundo que si “Niña, coñe, no andes con ruecas”, que si “En mi reino no hila nadie porque yo lo mando y soy el rey”, que si “Jolines, Bella (ups, Aurora), no toques los pinchos”. Pero noooo, la niña no hace caso, porque es que si no toca el huso le da un soponcio. Pues hale, te está bien empleado, por gilimema, y ojalá el Príncipe Azul fuera gay y te dejara allí tirada.
Pues Lissa es igualita a ella. “Oh, Rose, tengo miedo”. “Oh, Rose, me he roto una uña”. “Oh, Rose, no te metas en mi cabeza cuando me estoy tirando a Christian” (bueno, esta parte es de Frostbite, pero el espíritu es el mismo). “Oh, Rose, quiero vivir en un universo lissacéntrico”. “Oh, Rooooooose”. ¿Sabéis qué os digo? Que o Christian es más lelo de lo que parece, o tiene el gusto en los pies. Y que Rose es tonta, y que a ver si espabila de una vez, se fuga con Adrian, y deja a Tontissa mirándose en el espejo y con un palmo de narices.
Y ahora que ya barbaricé, pataleé y rezongué a gusto, voy a sacar a la web mi chillido más rompecristales y más histérico revestido de dosis de fangirlismo tan grandes que harían palidecer de envidia a las twilighters más hormonadas.
(Carraspeo de preparación)
¡¡¡¡¡¡¡¡DIMIIITRIIIIIIIII!!!!!!!!!
¡¡¡¡¡¡¡ADRIAAAAAAAAN!!!!!!!!
¡¡¡¡¡¡¡Quiero un hijo vuestroooooo!!!!!!!!!
¡¡¡¡¡¡AAAAAAAAAAHHHH!!!!!!
(Carraspeo final, sin sentido del ridículo.)
¡¡¡¡¡¡¡¡DIMIIITRIIIIIIIII!!!!!!!!!
¡¡¡¡¡¡¡ADRIAAAAAAAAN!!!!!!!!
¡¡¡¡¡¡¡Quiero un hijo vuestroooooo!!!!!!!!!
¡¡¡¡¡¡AAAAAAAAAAHHHH!!!!!!
(Carraspeo final, sin sentido del ridículo.)
En efecto, mis queridos lectores, no existe forma mejor de explicar lo que ha hecho Richelle Mead (pronunciado “Miiiihd”, por si os interesa anglificaros) con nuestros pobres corazoncitos. Dimitri es el chocolate, Adrian es el churro, y la Mead, que es una sádica, nos los pasea Y ahora, después de los chillidos histéricos, voy a ponerme dura y crítica, para demostrar mi disciplina reseñadora, porque todavía no he dicho nada malo de este libro (lo de Lissa es un defecto de carácter, y estoy convencida de que Richelle nos la pinta así porque le tiene manía). Mi fallo, básicamente (no le puse 5 estrellas porque me apetecía verlas allí colocadas), es que hay alguna subtrama que parecía abrir sus puertas en Frostbite y que aquí es ignorada a conciencia. Básicamente, esa subtrama se llama Mia. Mia, que fue la zorra oficial de Vampire Academy y la zorra reconvertida de Frostbite, y que era la vampiresa ¿buena? que más potencial tenía como personaje (dejando aparte a mi adorado Adrian, por supuesto), hace mutis por el foro y no le vemos ni los pelos de la nuca. Mi teoría es que, en la saga spin-off de la que os hablé ayer, el Personaje Misterioso que la va a protagonizar va a ser Mia. Porque sí, porque tiene la edad perfecta para empezar su propio libro juvenil, porque tiene su propia historia personal, porque encajaría bien como protagonista, porque es tan rebelde como Rose, y porque no sabemos nada más de ella una vez que su camino y el de Rose se separan, por lo que puede tener sus propias aventuras. Vamos, que me apuesto un empaste a que va a ser ella.
Entonces: Shadow Kiss es, si cabe, mejor todavía que Frostbite (y si no estáis de acuerdo conmigo, lo siento, pero soy muy parcial). Como viene siendo habitual en la magnífica prosa de Richelle Mead, tenemos ocasiones suficientes para reír, para estresarnos y para perdernos en la historia y olvidarnos del mundo un rato largo. Además, también hay ocasión para ponerse serios, porque, atención a navegantes, también hay cabida para las lágrimas (qué lágrimas ni qué pollo frito... vais a llorar como
Y por último... siento no haber podido ser más específica en la reseña. Pero me leí el libro hace mucho, mucho, muchísimo tiempo... Cuando salió a la venta, ni más ni menos. En el lejano año de 2008.
Beth Fantaskey es la autora de
No sé si lo había contado antes o no, pero voy a repetirme. La serie 





Bien. Vale. Dicho esto, me pongo manos a la obra con la tarea de animaros a que leáis este libro. Y voy a hacerlo contándoos primero mis prejuicios. Porque sí, 