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miércoles, 29 de septiembre de 2010

National Geographic #2: cómo escribir un libro

Antes de empezar la segunda entrega de esta sección quiero hacer una anotación que me exima de toda culpa, por si acaso presenciar el asesinato de un Edummy de la vida hiere vuestra sensibilidad, o por si las moscas algún comentario inocente os hace sentir aludidos.

Así que yo, barnsdale11, en pleno uso de mis facultades mentales, desde el anonimato de mi blog, bla bla bla, juro por Snoopy, Garfield y Mickey Mouse que nada de lo que diga hoy está escrito con la intención de levantar ampollas, señalar con el dedo y/o insultar a nadie. Todo lo demás son paranoias, exageraciones y bromas varias, y creedme cuando os digo que las víctimas de aquí abajo son todas profundamente admiradas, amadas y deseadas por mí misma (oh, yeah), porque he decidido por una vez no hacer publicidad subliminal y pasarme a la publicidad a secas.

Hace milenios desde la última vez, pero un National Geographic es una sección que requiere de un complejo calibrado mental conjugado con una inspiración perseguida con tenacidad y una documentación pertinaz. Vamos, que no se me ocurrían ideas decentes. Ideas útiles documentalmente hablando, capaces de modificar la realidad espaciotemporal de una forma metafísicamente improbable. Y dado el evidente interés que mostráis vosotros, mis queridos lectores, por la escritura, me complace presentaros el…


Análisis sintético de la topicidad literaria aplicado a un caso práctico:
la escritura de una novela


Debido a que está muy ocupado ejerciendo como mi esclavo sexual a tiempo completo afirma haberse sentido intimidado durante la última charla, el profesor Belikov se ha negado tajantemente a participar en el encuentro de hoy. Por lo tanto, uno de los retos más complicados a la hora de afrontar este nuevo National Geographic ha sido el de encontrar un sustituto a la altura. Y el elegido, debido entre otras cosas a que aparece hasta en la sopa y no se me ocurrió cosa mejor es paciente, creativo, idealista, inteligente y el punto justo de pardillo, ha sido el señor Mellark, reciente ganador de los Juegos del Hambre y héroe de Panem. Peeta Mellark, que gracias a su reciente participación en el documental “Soy un chico 12” se siente calificado para analizar su vida con pelos y señales, tal y como hará hoy con mi ayuda inestimable.


(Les agradecería a las señoritas del fondo que se abstuvieran de arrojarle al señor Mellark sus prendas de lencería íntima, por favor.)

Empecemos, entonces, el estudio por partes de la composición creativa de un libro:


1. La hipótesis del apellido rimbombante

Stiefvater. Fantaskey. Stolarz. Bachorz. Elkeles. No es que quiera amargaros la vida ni nada por el estilo, pero parece ser que si os apellidáis López, García o Fulánez conseguiréis vender menos libros que si le ofrecierais plátanos a un cocotero.

Escojamos por ejemplo un apellido aparentemente sencillo. Kizer (la autora de Mierdan Meridian). ¿Cómo pronunciaríais vosotros Kizer? Kizer es espanglish. Kisser es ñoño. Y Káiser, lo siento mucho, suena FATAL.

Incluso el apellido de mi adorada Richelle Mead (mamá del profesor Belikov) no se pronuncia como el imperativo del verbo mear, sino que se pronuncia “miiiiid” (acento ñoño al canto), a pesar de que yo sigo empeñándome en mandaros que meéis cada vez que leo su nombre. Así que si os apellidáis López, tal vez preferiríais trabajar con el sobrenombre artístico de Lohppeth, porque es bien sabido que:

a) Cuanto más impronunciable sea el apellido, mayor éxito tendrá el libro.
b) Cuantas más consonantes tenga el apellido, mayor éxito tendrá el libro (esto os lo dice una persona autoapodada barnsdale, que tiene tela la cosa).
c) Cuantas más veces aparezca el apellido del autor en el listín telefónico, menos éxito tendrá el libro.




2. El misterio de los personajes fantasma

Dado que esto es un National Geographic, si quisiera hablar más detalladamente de estos personajes debería incluirlos en un documental junto a los dinosaurios y al pájaro dodo, porque todos ellos se han extinguido, o tal vez junto a los unicornios, porque no estoy segura de que ninguno de ellos haya existido jamás. En cualquier caso, hay dos clases universalmente aceptadas de personajes fantasma:

a) Los padres plomazo:

Es decir, los padres corrientes y molientes. Si escribís un libro, oh, por favor, no cometáis el grandísimo error de meter a vuestros protagonistas dentro de una de esas cosas rarísimas llamadas “familius nuclearis”. Lo mejor sería que matarais a los padres bien muertos (estilo Harry Potter), o si no, como mínimo, que los divorciéis y les deis tantas ocupaciones que sus hijos adolescentes vivirán como si estuvieran solos en el mundo. O peor.

―Sólo te llamaba para decirte que tu madre y yo estaremos con Pat y Tina y llegaremos a casa sobre las nueve.

Vaaaaale. ―Dije. Ya lo sabía; mamá me lo había dicho por la mañana, cuando iba yo al instituto y ella a su estudio.

Una pausa.

―¿Estás sola?

[...] Aunque mamá y papá sabían que Sam era mi novio ―Sam y yo no manteníamos nuestra relación en secreto―aún no sabían lo que pasaba en realidad. Todas las noches que Sam se quedaba, creían que estaba durmiendo sola. No tenían ni idea de las esperanzas que había puesto en nuestro futuro. Creían que era una sencilla relación entre adolescentes, destinada a terminarse. No es que yo no quisiera que lo supieran. Sólo que su ignorancia también tenía sus ventajas, por ahora.

Maggie Stiefvater, Rastro

b) Los amigos platónicos:

Y si hablo de los padres, ¿cómo iba a olvidarme de esa especie en extinción conocida como “simplemente amigos”? Son chicos, no son gays y tampoco hay feeling con ellos, pero si los encontráis en algún libro, deberíais ir corriendo a la policía: posiblemente se trate de algún tipo de contrabando inmoral más que de un libro honrado.

Suspiré de nuevo.

―Vosotros los gays sois horriblemente intuitivos.

―Esos somos nosotros: maricas, los pocos, los orgullosos, los hipersensibles.

―¿No es marica un término despectivo?

―No si lo usa un marica. Por cierto, estás haciendo tiempo y no va a funcionar. ― Se puso la mano sobre la cadera (¡en serio!) y golpeó el suelo con el pie.

P.C. y Kristin Cast, Elegida




3. Los lectores de mentes y otras criaturas pensantes

Estos no aparecen en todos los libros, evidentemente, porque si escribís algo realista sería una barbaridad, pero si lo vuestro es la fantasía probablemente estéis deseando incluir a un espantoso cotilla que se meta en el cerebro de los demás a hurgar donde nadie le llama. Desde Edward Cullen hasta Janie Hannagan, cientos de personajes han hecho escarceos por los subconscientes ajenos, y cualquiera de ellos ganaría millones trabajando para el Hola.

Entonces entró en la sala una pequeña figura. Katsa sabía quién era incluso antes de ver los ojos de la niña, uno amarillo como las calabazas del norte y el otro marrón como un charco de barro. A esta niña le haría daño; a esta niña la torturaría si eso hiciera que dejara de extraer los pensamientos de Katsa.

Katsa miró a la niña a los ojos y le sostuvo la mirada. La niña ahogó un grito y retrocedió unos pasos, y después se dio la vuelta y se escapó corriendo de la sala.

Kristin Cashore, Graceling




4. Peligro pelirrojo

Necesité pensar mucho para acordarme de todos los pelirrojos que conozco en persona, pero al final llegué a la conclusión de que sólo conozco a tres en carne y hueso. Entiendo que vivo en España, donde los pelirrojos no son raros, sino lo siguiente, pero aún así, si en un libro falta alguien con el pelo pelirrojo/cobrizo/rubio rojizo/naranja/castaño rojizo/rosa/fucsia/rojo fuego/carmín/etc., no me parece que sea un libro de verdad. La maravillosa Foxface (Comadreja) le dio el toque naranja a los Juegos del Hambre, y el propio señor Mellark reconoce que si no hubiera tenido él mismo tanta suerte, la ganadora de los Juegos habría sido ella (y entonces toca madera, suelta una risotada tonta y dice “¡Anda ya! ¡Y Gale es mi mejor amigo!”)…


5. El efecto Luna Nueva

Supongamos que ya habéis escrito un libro. Que dicho libro se vendió como churros. Que queréis exprimir a la gallina de los huevos de oro. Y que queréis pisar terreno seguro, así que decidís olvidaros de aquella idea tan originalísima que se os ocurrió mientras estabais sentados en el váter, y optáis por escribir una secuela. El tomo dos. Para ello, lo primero que debéis asumir es que vuestra “parejita perfecta del ying yang de todo a un euro y el amor eterno de McDonald’s” va a ser la primera víctima. Vuestros chicos TIENEN QUE ROMPER. Cuanto más drama, mejor. Y si uno de los dos (el protagonista, evidentemente) se arrastra por el suelo suplicando clemencia, perdiendo la dignidad y los estribos, pues mejor todavía. Luna Nueva (sí, la de Crepúsculo) asentó las bases, pero luego llegaron (y no spoileo a nadie cuando lo digo, esto es ley de vida) Espejismos (la guía ilustrada del libro en el link), Oscuros 2 (título muy original, por cierto), Hermosa Oscuridad (el que viene después de Hermosas Criaturas), Crescendo (los ángeles también pueden ser unos cretinos), Deadly Little Lies, Adicción, Where She Went, Rastro (un poquito sí), e incluso En Llamas. Definitivamente, el amor eterno ya no es lo que era.

—¿Tú... no... me quieres? —intenté expulsar las palabras, confundida por el modo como sonaban, colocadas en ese orden.

—No. […] En cierto modo, te he querido, por supuesto, pero lo que pasó la otra noche me hizo darme cuenta de que necesito un cambio. Porque me he cansado de intentar ser lo que no soy. No soy humano —me miró de nuevo; ahora, sin duda, las facciones heladas de su rostro no eran humanas—. He permitido que esto llegara demasiado lejos y lo lamento mucho.

Stephenie Meyer, Luna Nueva




6. Muriendo, que es gerundio

Esta parte estoy segura que no necesito ni explicárosla. Quiero que cerréis los ojos (en cuanto hayáis terminado de leer este párrafo, por favor, NO ANTES) y hagáis un ejercicio de visualización. Imaginaos que estáis escribiendo la novela de vuestros sueños, y que vais cogiendo carrerilla hasta que de repente se os secan las ideas. ¿Qué mejor, para mantener la atención de los lectores, que matar a un personaje de vuestra elección? Debe ser la muerte dramática de algún personaje mono, encantador y achuchable, que esté para comérselo, porque cuando se muere una mujer odiosa de muerte natural a los 106 años, el efecto sencillamente no es el mismo. Eso sí, os lo advierto: si matáis al sex symbol de turno, aseguraos de que sea DESPUÉS del gran beso/escena de sexo salvaje/dulce pérdida mutua de la virginidad. Si muere antes de eso, las escenas calentorras con fantasmas sencillamente no tienen tanto gancho (pero sí mucho más morbo).

Cuando yo escribía novelas (allá por el año de catapún, cuando tenía 13 primaveras), el gran sueño de mi vida era matar a todos los protagonistas. Aún no había terminado ni el primer capítulo, que ya sabía quiénes iban a morir (es decir: todos), cuándo, cómo y por qué. Y el señor Mellark, que tenía la costumbre de casi-morirse un par de veces por libro, también sabe de primera mano lo estupendo que eso resulta para mantener el interés del personal.

Hay un ruido eléctrico muy fuerte. Por un instante, los árboles desaparecen y veo espacio abierto sobre un corto trecho de tierra desnuda. Después Peeta da un salto hacia atrás, apartándose del campo de fuerza y tirando a Finnick y a Mags al suelo.

Me apresuro hacia donde yace, inmóvil sobre una red de viñas.

―¿Peeta? ―Huelo a pelo chamuscado. Lo llamo otra vez, sacudiéndolo levemente, pero no hay respuesta. Mis dedos tropiezan sobre sus labios, donde no noto el cálido aliento a pesar de que hace tan sólo unos instantes estaba jadeando. Presiono mi oreja contra su pecho, sobre el lugar donde siempre descanso la cabeza, donde sé que oiré el fuerte y constante latido de su corazón.

En vez de eso, encuentro silencio.

Suzanne Collins, En Llamas




7. Los llantos líbricos/lúbricos

De buenas a primeras quizá no os deis cuenta de lo que son, pero tampoco necesitaréis pensar demasiado. La imagen es esta: la damisela en apuros sufre un arrebato emocional gordísimo, y se echa a llorar como una condenada. Podría ser el fin del mundo, pero en realidad sólo está aliviando sus penas por cualquier nimiedad más o menos importante. Entonces el héroe guapetón se le acerca, le ofrece un kleenex, y tal vez, si se siente de buenas y lleva puesta una camiseta de baratillo, la deja moquear sobre su robusto pecho hasta que le quedan todos los pelos del ídem empapados de lágrimas (míster camiseta mojada). Aseguraos de incluir por aquí un par de buenos estremecimientos de cuerpo entero, para ir abriendo boca. Lo que viene a continuación es muy importante: el héroe debe masajearle la espalda a su amada en círculos concéntricos, toqueteándole los mofletes y la punta de la nariz y secándole alguna lágrima que otra con el dedo pulgar de la mano derecha. Si así lo hace, los instintos más básicos de su compañera se despertarán, y ella sentirá la llamada de la feromona de su macho y se le echará encima hasta devorarlo, con los mocos colgando, los ojos hinchados y la nariz roja. La escena que sigue seguro que no es apta para menores (bien porque sea X, bien porque la ingente cantidad de mocos hace que sea prácticamente gore).

―¡Oh, esto no está saliendo bien! ―exclama Willow. Se pregunta si tal vez no es tan buena idea al fin y al cabo, si le chocará demasiado, después de la crisis que acaba de tener ella. Pero Willow no puede pensar en nada que haya deseado más―. No importa ―dice ella, decepcionada―. Tampoco me lo hubiera imaginado nunca así, con la nariz llena de mocos.

―¿Imaginarte el qué? ―pregunta Guy lentamente.

Julia Hoban, Willow




8. La maldición del cumpleaños literario


Y para terminar, quiero que penséis en todos los cumpleaños que habéis celebrado a lo largo de vuestras vidas, y que recordéis exactamente cuántos de ellos podrían calificarse de “corrientes” o incluso de “aburridos”. Por lo tanto, seguro que estáis deseando resarciros y hacer que vuestros protagonistas tengan aniversarios que nunca, JAMÁS, podrán olvidar. Bella consiguió que su cumpleaños desatara el Efecto Luna Nueva. En la Guía de Jessica para ligar con vampiros prácticamente se acabó el mundo. En el decimoctavo cumpleaños de Rose, Shadow Kiss terminó como una tragedia griega para abrir paso al dramático cuarto libro en todo su esplendor. Percy Jackson se pasó cinco libros enteros esperando a que se cumpliera la profecía de su decimosexto aniversario. Casi todo el libro de Carpe Corpus sucede en el cumpleaños más deprimente y más lleno de mordeduras de colmillo de Claire. Y en Elegida, Zoey se enrolla por lo menos con tres de sus cuatro novietes, corta con un par de ellos y encuentra otro más.

¿Y vosotros? ¿Qué es lo que más os gustaría hacer?

―Por favor, no llores ―dijo suavemente―. No hay nada por lo que merezca la pena llorar. Hoy es tu cumpleaños.

―Todo está mal ―protesté, secándome las lágrimas con las palmas de las manos.

―No, Jessica, ―dijo Lucius con suavidad, apartándome las manos. Pasó el pulgar con delicadeza bajo mis ojos, primero por uno y luego por el otro, secando las lágrimas.― A ti te irán bien las cosas. Hoy es un día feliz para ti. Tu decimoctavo cumpleaños es una fecha importante. Por favor, no puedo soportar tus lágrimas.

Beth Fantaskey, combinando un llanto líbrico/lúbrico con la maldición del cumpleaños literario, en Guía de Jessica para ligar con vampiros


Y aunque los tópicos en realidad serán todavía muchos más y mucho más variados, ahora el señor Mellark debe marcharse, porque los pastelillos se le están quemando en el horno. Os saluda cordialmente a todos (¡¡no, a todos no, habitantes del Capitolio!!) y expresa sus deseos de volver a veros pronto, pero no tan pronto como para que os empachéis todavía más (la película de 2012 estaría bien, por ejemplo). En cualquier caso, ya estoy incubando el embrión de la idea con la que escribir el tercer National Geographic, así que quizás os haga esperar menos de siete meses y medio para la próxima entrega. Pero como nunca se sabe, y yo soy muy vaga, y no quiero empacharos con demasiados posts kilométricos, esta vez os dejaré acompañar al señor Mellark a la panadería, si es que se presenta algún voluntario(/a)…

miércoles, 17 de febrero de 2010

National Geographic #1: Cómo matar a un vampiro

Hoy es un día importante, de esos de vestirse de etiqueta y pisar alfombras rojas, porque estoy inaugurando sección. La nueva sección de mi blog se titula National Geographic (original, ¿eh?), lleva viviendo en mi libreta del bazar chino (que es el primer hogar de todas mis entradas) desde hace semanas, y ya tiene numerosos inquilinos (entiéndase: entregas planeadas, si es que tengo la constancia de ponerlas todas en práctica, cosa que aún está por ver). Y como hoy es el primer día, y por lo tanto, un día importante, tengo que tirar la casa por la ventana para conseguir venderos el producto. Por esa razón tengo el honor de presentaros...


La Metodología Teórica Abreviada del Vampiricidio (nivel básico)


Una clase teórica impartida por el ilustre y renombrado profesor Belikov de la Academia San Vladimir para Vampiros y Dhampirs (es decir: Dimitri el de Vampire Academy, por si tenéis la desfachatez de contarme que todavía no sabéis quién es Richelle Mead). Esta breve lección constará de diversas partes que abarcarán todos los aspectos de los vampiricidios más comunes, y sin duda os resultará de máxima utilidad la próxima vez que os encontréis en la engorrosa situación de tener dos colmillos puntiagudos pegados a la yugular (sin intenciones amatorias).


Por razones de presupuesto y de que el blog está abierto a menores de edad, el señor Belikov (mal que os pese) se ha mostrado reacio a impartir unas lecciones prácticas de anatomía para sus estudiantes más aventajadas. Por ese motivo, toda la clase de hoy será exclusivamente teórica y ampliamente ilustrada. Quiero que conste en acta que todas las acciones que aparecen representadas en las fotografías han sido llevadas a cabo por especialistas, y que no se ha sacrificado ningún vampiro en el proceso. El profesor Belikov y yo hemos preferido utilizar en su lugar el muñeco de prácticas (podéis llamarlo Edummy) que veis junto a estas líneas.



1. Anatomía Vampírica

La primera parte de la clase será probablemente la que os resulte más difícil de digerir. Y creedme, entiendo perfectamente la densidad de este tipo de lecciones, pero son unos conocimientos básicos sin los cuales todo lo demás se vendría a pique.

No sé si tenéis alguna experiencia en la materia, pero la forma más eficaz y económica de matar a un vampiro consiste en atravesar su corazón con una estaca. Y no podréis atravesar nunca el corazón de nadie con nada si no sabéis antes muy bien, con los ojos cerrados, dónde se sitúa el corazón. Me parece oír por ahí atrás alguna risilla de suficiencia. (Os parecerá bonito.) Pues no, la situación del corazón no es algo tremendamente obvio. De hecho, existen varias creencias populares muy extendidas que sitúan al corazón lejos de su localización anatómica real. Veamos algunos ejemplos:



― ¿Dónde está el corazón?

Le lancé una mirada en plan “lo dices en serio”. Se encogió de hombros.
Con un énfasis muy melodramático, señalé el lado izquierdo del pecho del dummy. Dimitri negó con la cabeza.

―Ahí no es donde está el corazón. ―Me dijo.

―Pues claro que sí. La gente se pone la mano sobre el corazón cuando canta el himno nacional.

Siguió mirándome expectante.

Me volví hacia el dummy y lo estudié. En el fondo de mi cerebro, recordé haber aprendido CPR y dónde teníamos que colocar las manos. Toqué el centro del pecho del dummy.

― ¿Está aquí?

Él enarcó una ceja. Habitualmente eso me gustaba. Ahora simplemente me molestaba.

―No lo sé. ―Dijo.― ¿Lo está?

Frostbite (Richelle Mead)

Así que, aunque parezca una tontería, no lo es tanto. Tal vez os haga cambiar de idea, llegado el momento, si conseguís colarle al vampiro de turno unas cuantas fintas y movimientos chulos, sólo para acabar metiéndole la estaca por el ojo. Que puede ser muy molesto y todo lo que queráis, pero lo más probable es que terminéis muertos. A nadie le gusta ver (o no ver) estacas voladoras.



Ahora que espero haber captado por fin vuestra atención gracias a las veladas de amenazas de muerte, puedo enseñaros la localización verdadera del corazón. Y antes de proseguir con la lección de hoy quiero que os la grabéis muy bien grabada en vuestras retinas.



Cuando llegó la hora de mi entrenamiento después de clase con Dimitri, prácticamente eché a correr hacia el dummy de prácticas. Con un puño doblado, golpeé su pecho, muy ligeramente a la izquierda pero prácticamente en el centro.

―Ahí. ―Le dije.― El corazón está ahí, y el esternón y las costillas están en el medio. ¿Puedes darme ahora la estaca?

Cruzando los brazos, lo miré triunfante, esperando que me llovieran los halagos por mi nuevo logro. En vez de eso, se limitó a asentir en reconocimiento, como si ya hubiera debido saber eso. Y sí, habría debido.

― ¿Y cómo atraviesas el esternón y las costillas? ―Preguntó.

Suspiré. Había averiguado la respuesta a una pregunta, sólo para que me propusiera otra. Típico.

Frostbite (Richelle Mead)




Y por último, vamos a impartir una lección anatómica extra que sólo os resultará útil en la emergencia extrema, cuando todo lo demás no funcione y el vampiro os muerda. Incluso en el desafortunado caso de que eso suceda (Dios no lo quiera), no os desesperéis. De todos es sabido que a los vampiros les gusta la yugular tanto como un caramelo a un niño. Y como la yugular es una vena, y no una arteria, la sangre sale despacito (relativamente) y no a borbotones, que es lo que nos quieren hacer creer algunos:

―Así que te mordí alrededor de la yugular. Por eso tardé más tiempo... y por eso pude disfrutar y atraer tu sangre hacia mí en lugar de limitarme a tragar un potente flujo arterial.

One foot in the grave (Jeaniene Frost)





2. Material básico I: la estaca

Los estudiosos del tema nunca acaban de ponerse de acuerdo. Unos dicen que tiene que ser de madera; otros, que sólo funcionan las de plata, y a otros, en cambio, les sirve cualquier cosa con punta. En cualquier caso, todos coinciden en que la estaca es ese elemento que nunca debe quedar fuera de un kit de supervivencia. Y la estaca debe terminar clavada en el corazón. Hasta el fondo, con ensañamiento, puntería impecable y mucha mala leche. Como en esta imagen (ejemplo llevado a cabo por Dimitri en persona):



Puesto que ya conocéis lo más básico, Dimitri quiso enseñaros un par de técnicas de nivel profesional que tal vez puedan interesaros, tanto si sois contorsionistas como si simplemente sois la leche.


a) La técnica de la Cazavampiros.

―Lucifent. ―Ruge, levantando su estaca de madera. Guau, también tiene brackets. No me puedo creer que la enemiga mortal de todos los vampiros vaya a un ortodoncista.― Prepárate para morir.

Después, sin más dilación y más rápido de lo que pueden seguir mis ojos, Bertha recorre todo el pasillo a base de volteretas de espaldas, con la carne rechoncha dando tantos botes como un pez fuera del agua. Para ser una anti-anoréxica, ¡la chica sabe moverse!


Después le clava la estaca a Lucifent en el corazón.

No hay dramática escena de lucha. No hay intercambio de pullas sarcásticas. Sólo estacación. Y desintegración. Y no más Lucifentación.

Bertha Cazavampiros en Boys that bite (Mari Mancusi)




b) Y mi favorita personal, la técnica del ¡Olé, mi niña!

Los ojos de François se volvieron de color rubí, y se arrojó sobre Michael, que iba cargado con el alcalde.

Claire cogió un lápiz del lapicero y se lo clavó a François en la espalda.

Él se dio la vuelta, anonadado... y se derrumbó lentamente sobre la alfombra.

Claire Danvers en Lord of Misrule (Rachel Caine)





3. La estaca y el psicoanálisis


A la hora de la verdad, a pesar de que la muerte por estaca es una práctica muy popular, no siempre tiene éxito. Como la gente no se ha grabado a fuego en la memoria los detalles anatómicos (vuelvo a insistir sobre ello), es relativamente habitual que los vampiros salgan con vida de esos trances. Hay dos cuestiones de psicología vampírica que conviene recordar con especial interés, y tal vez si los recordáis pondréis más interés en matar bien rematado al próximo chupasangres con el que os crucéis.


a) A los vampiros no les gusta que les claven estacas.

Oliver estaba mirando hacia abajo, hacia su pecho, donde la punta de la estaca emergía de su caja torácica.

―Maldita sea.

Fade Out (Rachel Caine)


b) Si sobreviven, os los vais a encontrar muy cabreados.

En cuanto extrajo su pecho de la limusina, agarró la estaca con las dos manos y la sacó de allí de un tirón.

― ¡Ahhhhhh! ―Gritó Myrnin, y se sentó de golpe, dándose palmaditas en el pecho con las dos manos. ― ¡Dios mío, odio eso!

Fade out (Rachel Caine)



4. Material básico II: el ingenio


Habéis llegado a este punto y lo habéis intentado de todas las formas posibles. Desde todos los ángulos. En todas las posturas. Pero aún seguís siendo absolutamente incapaces de clavar una estaca como es debido. Porque os sudan las manos. Porque no veis un pimiento de cerca. Porque tenéis menos puntería que un caracol de espaldas. Porque a los vampiros les apesta el aliento. Yo qué sé. La cuestión es que no sois capaces, y eso os preocupa. Hacéis bien en preocuparos, pero para eso me traje yo hoy al profesor Belikov. Y el profesor Belikov, además de ser él mismo en persona la solución a todos vuestros problemas, también se guarda en la manga un par de técnicas extra para exterminar vampiros. Eso sí, con estas deberéis tener cuidadito, porque podéis acabar lastimados.


a) El fuego.

Esto no necesita explicación. Pero deberéis tener a mano cerillas o un mechero, o si no os veréis obligados a usar un par de palos como en la prehistoria, y eso es más lento que un caracol con reuma, así que no sirve de nada. Y si está húmedo el día, ya podéis ir olvidándoos. Eso sí: si conseguís llevarlo a cabo y tenéis cuidado con la inhalación de humo y las quemaduras eventuales, pasaréis un calorcito muy rico.




b) La decapitación.

Aunque esto tampoco necesita explicación, yo lo explico igual: nadie en su sano (o insano) juicio es capaz de sobrevivir sin cabeza. Podéis optar por cortar el vampiro a pedacitos, poco a poco, pero en cuanto la cabeza se marche rodando como una pelota, la victoria es vuestra. Y os contaría lo mucho que he disfrutado montando la siguiente imagen, pero si os lo digo, a lo mejor os parece mal. Así que no lo digo.



Riley se distrajo con ese violento ballet, con los ojos llenos de ansiedad por su compañera. Seth atacó de nuevo, arrancando de otro bocado un pequeño trozo del vampiro.

[...]

Algo pequeño y blanco silbó por el aire y colisionó con ella (Victoria) en pleno vuelo. El impacto sonó como una explosión, y la lanzó contra otro árbol, que esta vez se partió por la mitad. Volvió a aterrizar sobre sus pies, agazapada y preparada, pero Edward ya ocupaba su posición. Sentí cómo el alivio barría mi corazón cuando le vi de pie y en perfecto estado.

Victoria pateó algo a un lado con un golpe de su pie desnudo, el misil que había abortado su ataque. Vino dando vueltas hasta mí y me di cuenta de lo que era.

Se me encogió el estómago.

Los dedos todavía se retorcían. Aferrándose a las hojas de hierba, el brazo de Riley comenzó a moverse de forma convulsiva por el suelo.

Eclipse (Stephenie Meyer)


Espero que la lección documental de hoy os haya resultado de utilidad. Y voy a aprovechar estas últimas líneas para echarme unas risitas con Dimitri: en Antena 3 van a emitir una miniserie (dos capítulos, y menos mal que no son más) de creación propia titulada (atención al título, que se las trae) “No soy como tú”. Olé. Y por si semejante título no fuera suficiente, os voy a enseñar esta maravillosa imagen promocional, que por supuesto que no es un clon hipercutrificado de la pose Edwardesca por excelencia ni nada. Si esta es la imagen promocional, prefiero no pensar en cómo debe de ser la serie.




¿Sabéis qué decimos nosotros dos ante esto (entre risitas)?