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viernes, 7 de enero de 2011

IMM #26: me porté mejor de lo que creía (bonus: resultado del sorteo)

Hace una semana (y un día) que no actualizo, lo que quiere decir que en realidad no os veo desde el año pasado, pero como además no cuelgo un IMM (in-my-mail-box) desde hace un par de meses, eso significa que en el de hoy no sólo se me cuelan Sus Majestades de Oriente, sino que también reclaman un hueco mis regalos de cumpleaños, a pesar de que llevan ya bastantes semanas desparramados por ninguna parte (COMPRO ESPACIO). Si a eso le sumamos el que me he reconciliado con el booky, que amo a John Green, que sigo fiel al bookmooch, que atiendo a recomendaciones (de vez en cuando) y que me acordé por fin de un libro que debería haberos enseñado hace cuatro meses, entonces no sólo me van a sobrar las palabras en el post de hoy, sino que me va a faltar horrores el espacio en casa (incluso aunque me aproveché de que el iluso de mi hermano no estaba mirando para esconderle varios videojuegos infrautilizados y colarle unos cuantos de mis libros entre un juego de tenis del año de la patata y otro de estrategia con romanos).

Resumiendo…:

(Si no sois águilas en vuestro tiempo libre, tal vez queráis ver más grandes los títulos haciendo clic en la imagen.)



De arriba abajo:
  • Reckless. Carne de piedra, de Cornelia Funke
  • Jellicoe Road, de Melina Marchetta
  • 21 proms, de varios autores (son muchos, no voy a decir cuáles)
  • Geektastic, de varios autores (ídem)
  • Crazy Beautiful, de Lauren Baratz-Logsted
  • Divine by mistake, de P.C. Cast
  • Solid, de Shelley Workinger
  • Noticia de un secuestro, de Gabriel García Márquez
  • Cada siete olas, de Daniel Glattauer
  • El guardabarrera, de Andrea Camilleri
  • La voz del violín, de Andrea Camilleri
  • El perro de terracota, de Andrea Camilleri
  • Maldito Karma, de David Safier
  • Los ojos amarillos de los cocodrilos, de Katherine Pancol
  • El rapto del cisne, de Elizabeth Kostova
(Y además, El Club de los Corazones Solitarios, de Elizabeth Eulberg, ausente en la torre porque es imposible que una, a estas edades, se acuerde en todo momento de qué libros le toca meter y de dónde están metidos.)

Me quejo muy a menudo (sobre todo con mis peluches, pero a veces también con vosotros) de que el nombre de mi blog es un espanto (y por eso finjo que no existe y nunca lo menciono en las entradas), pero en realidad es una maravilla, porque es la excusa perfecta para no criticar libros no juveniles. Como escribir reseñas no es pan comido (para mí no), y como estos libros de aquí no tienen edad (de 9 a 99), me autolibero de escribir las reseñas de, exactamente, ocho encantos:


(Agrandado a base de clics, como de costumbre.)

  • Noticia de un secuestro, de Gabriel García Márquez: hacía mucho tiempo que no leía nada de este autor, y lo echaba de menos.
  • Cada siete olas, de Daniel Glattauer: no tengo prejuicios en contra de las segundas partes, incluso aunque no sean tan buenas como las primeras y demuestren que su autor, en el fondo, sólo las escribió porque sufría un caso agudo de fangirlismo (es decir, si un escritor se hace a sí mismo un fanfic, entonces se llama secuela).
  • El guardabarrera, de Andrea Camilleri.
  • La voz del violín, de Andrea Camilleri.
  • El perro de terracota, de Andrea Camilleri: y con estos serán ya once los libros que habré leído de este siciliano ochentón que descubrió que podía escribir libros (y que se le daba bien) a la edad que muchos otros escogen para jubilarse.
  • Maldito Karma, de David Safier: recomendación de una amiga por el método del erre que erre, para terca, terca y media, y aunque he sabido de muchos amores y de muchos odios hacia este libro, su humor es mi humor, y a mí me encantó.
  • Los ojos amarillos de los cocodrilos, de Katherine Pancol: ya que con el anterior había acertado, le hice caso a la misma amiga y lo incluí en la carta a los Reyes.
  • El rapto del cisne, de Elizabeth Kostova: para probar.



Los que vienen a partir de ahora son todos juveniles, algunos buenos y otros malos, pero a lo mejor hasta escribo la reseña de alguno (en serio).



  • Solid, de Shelley Workinger: me empeciné con él por razones extrañas, y las ganas se me pasaron en cuanto abrí el paquete. Prometo pagar el pato y leerlo. Eso sí, no prometo cuándo.
  • Crazy Beautiful, de Lauren Baratz-Logsted: soberana decepción en la que había depositado demasiadas esperanzas después de leer críticas que, por lo visto, no habría debido leer. O puede que la culpa fuera mía, porque lo esperaba desde hacía casi un año. Por lo menos me alegro de haberme ahorrado algunos euros esperando a que se publicara la edición en tapa blanda.
  • Divine by mistake, de P.C. Cast: Beleth habló de él hace muchos meses en Book Eater, y cuando lo colgó al fin en bookmooch se lo quité de las manos. Me gustaba mucho La Casa de la Noche (de esta misma autora), así que tengo curiosidad por saber cuántos novios exactamente se buscará la chica de la cubierta antes de salvar el mundo.



Que no se diga que no soy una fan fiel. Los libros que están detrás (o sea, arriba) no son nuevos, pero es toda la bibliografía, hasta la fecha, de John Green (alias Mi Autor Fetiche Desde Hace Más De Un Año Oséase Desde Que Leí Paper Towns). Bibliografía a la que se añaden un par de relatos, uno en Geektastic y otro en 21 Proms. John Green es la única razón por la que me compré esos dos libros. Y aunque la frikipedia de Geektastic es demasiado friki incluso para mí, y aunque en 21 Proms hay más basura que literatura, no me arrepiento. Los cuentos de John Green son muy buenos, y el amor por John Green bien lo ha valido.

El tercero (sin discordias) no tiene aparentemente nada que ver con John Green, si no fuera porque me he leído cuatro libros de Melina Marchetta en los últimos siete días, lo que la convierte en otra autora fetiche (potencialmente hablando). Aunque mi historial con los autores australianos suele resumirse en que el planeta entero de distancia que hay entre nosotros es demasiado para mí como para que me gusten (por lo que mi último encuentro con uno de ellos acabó en un abandono desesperanzado), y aunque Jellicoe Road, en concreto, empezó de forma rarísima, me encanta. Me encanta la forma de escribir de Melina Marchetta. Y me encanta que me dieran por twitter el último empujón para conocerla, porque aunque hacía muchos meses que sabía que acabaría comprando Jellicoe Road, no daba nunca el salto (gracias, gracias, GRACIAS). Como sé que no voy a acordarme de incluir ningún libro/autor de enero en ningún recopilatorio de estrellas que escriba el próximo 31 de diciembre, por lo menos quería hacerle un homenaje ahora.

Y por si queréis saber qué más tienen en común John Green y Melina Marchetta, la respuesta es muy fácil: Premio Printz a la literatura juvenil. Es esa pegatina dorada, redonda y enorme que tapa media portada de Jellicoe Road y del libro que tiene detrás, la opera prima de John Green, Looking for Alaska (aunque es John Green quien sale ganando, porque no sólo se llevó una vez el primer premio, sino que quedó finalista otro año).



Y acabo la entrada con un par de regalos editoriales (muchas gracias a sus respectivas):

  • Reckless. Carne de piedra, de Cornelia Funke: todavía no lo he leído, pero me llega con una firma muy fresca en la primera página y una edición, sinceramente, preciosa. Cargada de dibujitos y monerías (véase a la derecha cuánta razón tengo, como de costumbre).
  • Y El Club de los Corazones Solitarios, de Elizabeth Eulberg (ya que empecé sin él, le dedico las últimas letras), declaración de amor a los Beatles (he ahí las dos guitarras y el oso con cara de hippie de la foto) en una comedia romántica. Reseña en algún momento entre hoy y el 2012 (preferiblemente más cerca de lo primero que de lo último), aunque sin demasiadas prisas inmediatas, porque no llegará a las tiendas hasta el mes que viene.

Ya he escrito mucho por hoy, así que no quiero alargaros más (ni a mí tampoco). Voy a limitarme a hacer los deberes, sumar todas las participaciones (tortura, de verdad, TORTURA), y contaros que el libro de El corredor del laberinto que sorteé como parte de la iniciativa Los 12 blogs de Navidad se lo lleva Liz, por obra y gracia de Random. No os asustéis por las cifras, porque en realidad sólo participasteis cinco docenas de personas, y el resto de números son capricho de mis bases (nunca más vuelvo a complicarme tanto la vida, NUNCA MÁS). Si queréis ver qué bien hago las sumas, aquí aparecen los números que os corresponden, y sólo tenéis que ser optimistas y pensar que soy tan honrada como un niño de San Ildefonso, así que no tengo intención ninguna de engañaros. Un clapclap para la afortunada.