Título: IsolaTítulo original: Isola (duh)
Autora: Isabel Abedi
Editorial: Anaya
Editorial en alemán: Gebundene Ausgabe (no sé vosotros, pero yo me he quedado como estaba)
Año en alemán: 2007
Año en español: 2010
Sinopsis:
Un famoso director de cine escoge a doce jóvenes para rodar su próxima película. Pero esta película será una especie de experimento en el que los jóvenes deberán irse a una isla de la costa brasileña vigilada por cámaras. Lo que en un principio empieza siendo una estancia idílica en la que deben llevar a cabo el juego del asesino, va adquiriendo tintes más sangrientos: un cadáver flota en el agua y una de las chicas ha desaparecido. Del director de cine ni rastro, y entre los participantes la tensión va creciendo. Doce jóvenes. Una isla desierta. Tres objetos que pueden llevar consigo. Y numerosas cámaras que les observan…
«Podría haber salido corriendo. Todavía hoy vuelve a menudo esta idea a mi cabeza. Podría haberme alejado del grupo sin que nadie se diera cuenta, hubo suficientes ocasiones para hacerlo. Pero ¿habría cambiado eso algo? ¿Se habría suspendido el proyecto? ¿Se habría evitado el derramamiento de sangre? No tiene ningún sentido hacerse esas preguntas, lo sé. Pero las preguntas no lo saben. Ellas llegan sin avisar, sin informarse antes de si lo hacen en el momento adecuado».
Las estrellas de Hollywood:





Silencio, se rueda:
No habría leído este libro de no haber sido por un compañero fanático distopil. No, tachad eso. No habría conocido este libro de no haber sido por ese compañero fanático distopil. Así que, desde aquí, le agradezco su fanatismo y su recomendación.
Empecemos.
Érase una vez un libro que no se parecía nada, nada, pero que nadísima, a Los Juegos del Hambre (oh, venga, he sabido de gente a la que las comparaciones con los Juegos les dan repelús, y comprendo su postura). Y esta vez era verdad. Todo parecido con ese libro era fruto de otra casualidad aún mayor: ese libro se parecía lejanamente a Diez negritos, de Agatha Christie, y este libro es una versión de Diez negritos renovada, rejuvenecida y soltada al sol frente a las costas de Brasil.
Érase una vez un director de cine megalómano que quiso grabar una película-reality show. Metería a 12 chiquillos hormonados en una isla paradisíaca, les propondría jugar a un juego, les ofrecería un premio cuantioso, y se retiraría, muy voyeurista él, a dejar que sucedieran las cosas.
Aquí aparece en escena Vera, nuestra narradora de 17 años, casi casi casi 18 pero no del todo, que vivió en Alemania casi toda su vida, salvo por sus primeros años, que pasó en Brasil. Vera necesita por encima de todas las cosas aguantar en la isla el tiempo suficiente para cumplir la mayoría de edad y poder visitar el hogar de su niñez...
Para poder quedarse en la isla Isola y jugar al Juego (que no los Juegos) hay varias normas que se deben cumplir, pase lo que pase:
- 1. Nada de alcohol, ni de drogas.
- 2. Nada de sexo.
- 3. Nada de violencia.
Rodando.
En lo fundamental, tenemos aquí un libro que sabe aprovechar los silencios.
El silencio en la trama: durante mucho tiempo no acaba de pasar nada, pero eso, en vez de aburrir, crea una sensación de expectación que se va volviendo insoportable. Llega un momento en que las cosas están tan calmadas (calma chicha) que casi esperas que salga un loco con un hacha y camisa hawaiana desde detrás de algún cocotero.
El silencio de Vera: la chiquilla permanece toda la novela callada como una tumba. No dice ni pío en quince días, y no debió de pronunciar más de veinte frases en voz alta en todo el libro. Siempre está a punto de decir cosas, pero se lo piensa tanto, tanto, tanto, que al final decide que el silencio es la mejor arma.
Así que, como no, se enamorará del otro mudito de la docena. Apodado Solo, el muchacho tampoco abre la boca más de la cuenta (en boca cerrada no entran moscas, así se hace el interesante... bla, bla, bla), y el suyo es un amor de miradas. Se dicen las cosas con los ojos. Se comen con los ojos. Se quieren con los ojos. Siempre están mirándose a los ojos sin decir nada, así que supongo que deben de tener unos ojos preciosos los dos...
No es un libro para leer en un momento de ocupación. Te arrastra por las hojas contra tu voluntad, y si tienes algo que hacer acabarás por no hacerlo, con tal de seguir leyendo. No llega a las 300 páginas, y eso casi es bueno, porque aparcarlo a un lado es un esfuerzo supremo de voluntad, y yo voluntad de esa no tengo ninguna (así que si sois como yo, repito, buscadle una tarde de ocio).
El único fallo que le veo es el final. Tal vez precipitado, no acaba de explicar todo lo que pasa, y podría resultar algo forzado. De no ser por él, le habría dado las cinco estrellas al completo.
Y ahora, las anécdotas del rodaje:
A mí buscar estas cosas, salvo excepciones, no se me da muy bien, y fue el mismo compañero fanático distopil el que tuvo que apuntarme los parecidos, y el que está creando una sección que precisamente trata de parecidos poco obvios entre libros. (Así veis que no soy la única que hace publicidad subliminal, o por lo menos que no toda la publicidad subliminal es culpa mía.) Estos son algunos de los datos casuales que comparten Isola y Los Juegos del Hambre:
- El organizador de los primeros Juegos se llama Templesmith, y el organizador del viajecito a Isola es Templehoff. El -smith y el -hoff son finalizaciones comunes de apellidos, en inglés y alemán respectivamente.
- Effie llevaba allí pelucas de los colores más variopintos (en el primer libro, de color rosa). En cambio, Elfe tiene el pelo teñido de violeta. Las dos, cómo no, son un par de cotorras.
- Y además, en los Juegos jugaba una odiosa rubia de oro llamada Glimmer, mientras que ese papel aquí lo representa una tal Darling...
Corten.
















The Maze Runner tiene
Acaba de entrar por la puerta grande en el 