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sábado, 10 de julio de 2010

Isola - Isabel Abedi - Reseña

Título: Isola

Título original: Isola (duh)

Autora: Isabel Abedi

Editorial: Anaya

Editorial en alemán:
Gebundene Ausgabe (no sé vosotros, pero yo me he quedado como estaba)

Año en alemán:
2007

Año en español: 2010

Sinopsis:

Un famoso director de cine escoge a doce jóvenes para rodar su próxima película. Pero esta película será una especie de experimento en el que los jóvenes deberán irse a una isla de la costa brasileña vigilada por cámaras. Lo que en un principio empieza siendo una estancia idílica en la que deben llevar a cabo el juego del asesino, va adquiriendo tintes más sangrientos: un cadáver flota en el agua y una de las chicas ha desaparecido. Del director de cine ni rastro, y entre los participantes la tensión va creciendo. Doce jóvenes. Una isla desierta. Tres objetos que pueden llevar consigo. Y numerosas cámaras que les observan…

«Podría haber salido corriendo. Todavía hoy vuelve a menudo esta idea a mi cabeza. Podría haberme alejado del grupo sin que nadie se diera cuenta, hubo suficientes ocasiones para hacerlo. Pero ¿habría cambiado eso algo? ¿Se habría suspendido el proyecto? ¿Se habría evitado el derramamiento de sangre? No tiene ningún sentido hacerse esas preguntas, lo sé. Pero las preguntas no lo saben. Ellas llegan sin avisar, sin informarse antes de si lo hacen en el momento adecuado».


Las estrellas de Hollywood:



Silencio, se rueda:

No habría leído este libro de no haber sido por un compañero fanático distopil. No, tachad eso. No habría conocido este libro de no haber sido por ese compañero fanático distopil. Así que, desde aquí, le agradezco su fanatismo y su recomendación.

Empecemos.

Érase una vez un libro que no se parecía nada, nada, pero que nadísima, a Los Juegos del Hambre (oh, venga, he sabido de gente a la que las comparaciones con los Juegos les dan repelús, y comprendo su postura). Y esta vez era verdad. Todo parecido con ese libro era fruto de otra casualidad aún mayor: ese libro se parecía lejanamente a Diez negritos, de Agatha Christie, y este libro es una versión de Diez negritos renovada, rejuvenecida y soltada al sol frente a las costas de Brasil.

Érase una vez un director de cine megalómano que quiso grabar una película-reality show. Metería a 12 chiquillos hormonados en una isla paradisíaca, les propondría jugar a un juego, les ofrecería un premio cuantioso, y se retiraría, muy voyeurista él, a dejar que sucedieran las cosas.

Aquí aparece en escena Vera, nuestra narradora de 17 años, casi casi casi 18 pero no del todo, que vivió en Alemania casi toda su vida, salvo por sus primeros años, que pasó en Brasil. Vera necesita por encima de todas las cosas aguantar en la isla el tiempo suficiente para cumplir la mayoría de edad y poder visitar el hogar de su niñez...

Para poder quedarse en la isla Isola y jugar al Juego (que no los Juegos) hay varias normas que se deben cumplir, pase lo que pase:
  • 1. Nada de alcohol, ni de drogas.
  • 2. Nada de sexo.
  • 3. Nada de violencia.
Pero en cuanto la primera regla se incumpla, todas las demás caerán en dominó...


Rodando.

En lo fundamental, tenemos aquí un libro que sabe aprovechar los silencios.

El silencio en la trama: durante mucho tiempo no acaba de pasar nada, pero eso, en vez de aburrir, crea una sensación de expectación que se va volviendo insoportable. Llega un momento en que las cosas están tan calmadas (calma chicha) que casi esperas que salga un loco con un hacha y camisa hawaiana desde detrás de algún cocotero.

El silencio de Vera: la chiquilla permanece toda la novela callada como una tumba. No dice ni pío en quince días, y no debió de pronunciar más de veinte frases en voz alta en todo el libro. Siempre está a punto de decir cosas, pero se lo piensa tanto, tanto, tanto, que al final decide que el silencio es la mejor arma.

Así que, como no, se enamorará del otro mudito de la docena. Apodado Solo, el muchacho tampoco abre la boca más de la cuenta (en boca cerrada no entran moscas, así se hace el interesante... bla, bla, bla), y el suyo es un amor de miradas. Se dicen las cosas con los ojos. Se comen con los ojos. Se quieren con los ojos. Siempre están mirándose a los ojos sin decir nada, así que supongo que deben de tener unos ojos preciosos los dos...

No es un libro para leer en un momento de ocupación. Te arrastra por las hojas contra tu voluntad, y si tienes algo que hacer acabarás por no hacerlo, con tal de seguir leyendo. No llega a las 300 páginas, y eso casi es bueno, porque aparcarlo a un lado es un esfuerzo supremo de voluntad, y yo voluntad de esa no tengo ninguna (así que si sois como yo, repito, buscadle una tarde de ocio).

El único fallo que le veo es el final. Tal vez precipitado, no acaba de explicar todo lo que pasa, y podría resultar algo forzado. De no ser por él, le habría dado las cinco estrellas al completo.


Y ahora, las anécdotas del rodaje:

A mí buscar estas cosas, salvo excepciones, no se me da muy bien, y fue el mismo compañero fanático distopil el que tuvo que apuntarme los parecidos, y el que está creando una sección que precisamente trata de parecidos poco obvios entre libros. (Así veis que no soy la única que hace publicidad subliminal, o por lo menos que no toda la publicidad subliminal es culpa mía.) Estos son algunos de los datos casuales que comparten Isola y Los Juegos del Hambre:
  • El organizador de los primeros Juegos se llama Templesmith, y el organizador del viajecito a Isola es Templehoff. El -smith y el -hoff son finalizaciones comunes de apellidos, en inglés y alemán respectivamente.
  • Effie llevaba allí pelucas de los colores más variopintos (en el primer libro, de color rosa). En cambio, Elfe tiene el pelo teñido de violeta. Las dos, cómo no, son un par de cotorras.
  • Y además, en los Juegos jugaba una odiosa rubia de oro llamada Glimmer, mientras que ese papel aquí lo representa una tal Darling...
(Y, para que conste, Isola se publicó en 2007, y los Juegos en 2008, pero esto no quiere decir nada...)

Corten.

jueves, 27 de mayo de 2010

The Maze Runner (The Maze Runner #1) - James Dashner - Reseña y primer capítulo

Título: The Maze Runner (The Maze Runner #1)

Traducción no oficial: El Corredor del Laberinto

Autor: James Dashner

Editorial en inglés: Delacorte Press

Año de publicación: octubre 2009

Acerca del libro en español: ya a la venta en Latinoamérica bajo el título Correr o morir, y en España en noviembre como El corredor del laberinto.




Trailer oficial y peliculero:



El laberinto de las estrellas:



Publicidad no subliminal:

The Maze Runner tiene un puñado de adolescentes encerrados en un lugar peligroso para mayor gloria de los que los observan comiendo palomitas y hurgándose en la nariz. Tiene un montón de palabras más o menos inventadas que me niego a traducir por mi cuenta y riesgo. Tiene muertes traumáticas y (¿muy?) violentas, e incluso tiene un personaje/hermanito pequeño al más puro estilo de la tributa Rue. Por tener, tiene incluso un primer capítulo muy lento que no se corresponde para nada con el paso frenético del resto del libro. Así que esta vez no me estoy inventando lo de la publicidad subliminal: os guste o no, este libro tiene muchas cosas en común con Los Juegos del Hambre, y las tiene en el mejor sentido posible. (De verdad: ¿hay algún mal sentido para hablar de los Juegos? No contestéis. *suspiro: 3 meses todavía*)


Perdámonos juntos:

Cuando Thomas se despierta en un ascensor, lo único que sabe es que no sabe nada (soy un saco de frases hechas con patas, no puedo evitarlo). No recuerda nada de su vida pasada, ni del mundo que lo rodea, ni de su familia, ni de sus amigos, ni de por qué está metido en un ascensor, ni de a dónde está ascendiendo. Puede considerarse afortunado por saber su nombre, porque eso es lo único que recuerda.

Entonces, cuando las puertas del ascensor se abren y Thomas entra por primera vez en el Claro, se descubre rodeado de chicos (diría que son chicos de su edad, pero lo cierto es que no recuerda cuántos años tiene). A pesar de que por lo general son todos muy bordes (algunos son tan irascibles que parece que se ducharan con nitroglicerina por las mañanas), todos ellos parecen acoger con la mayor naturalidad el que un extraño salga de repente de un ascensor con un mal caso de amnesia.

Pero lo cierto es que así son las cosas en el Claro, y así han sido siempre. Sin adultos, sin adultas, sin ni siquiera una mujer que estrogenice un poco el ambiente, el Claro está habitado únicamente por la versión cifi de los Niños Perdidos de Peter Pan. Cada mes llega en ascensor un nuevo chico con la memoria formateada, y este chico se tiene que adaptar a la vida del Claro. (Iba a añadir "o morir", pero creo que ahí me pasé de melodramática. O a lo mejor no.)

Mientras tanto, la crème de la créme de los chicos amnésicos, los Corredores, salen diariamente del Claro para buscar la escurridiza salida del Laberinto que los rodea.

Lo que nos lleva a la Pregunta Importante Del Día: ¿Qué es el Laberinto? ¿De verdad es tan importante como para dedicarle el título de un libro? Pues va a ser que sí. El Laberinto es, como su nombre indica, un laberinto (me he lucido), y es lo que separa el Claro del mundo exterior. Durante el día, los Corredores (insisto: leed el título del libro) salen al Laberinto a buscar una salida. Durante la noche, unos monstruos muy feos cuyo nombre me niego a traducir lo recorren de arriba a abajo, devorando con saña y glotonería las tiernas carnes de los muchachitos amnésicos que no han podido regresar a la seguridad del Claro.

Así son las cosas, y así han sido siempre.

Con o sin mal humor congénito, a los Niños Perdidos no les queda más remedio que aceptarlo.

Hasta que, al día siguiente de llegar Thomas, sale del ascensor una chica. Una Chica. La primera representante del sexo femenino que pisó nunca el Claro.

Si este libro fuera como Oscuros, ahora debería desatarse la I Revolución de las Hormonas, mientras esa Chica, sin personalidad ninguna, le entregaría en bandeja su pusilánime corazoncito al Niño Perdido que estuviera más bueno y tuviera peor carácter (aquel que se duchase más a menudo en nitroglicerina pura).

Pero este libro no se parece a Oscuros, sino a Los Juegos del Hambre. Y que no sirva de precedente, pero esta Chica lo único que desata es el Fin del Mundo (o algo que se le parece mucho). Así que los Niños Perdidos deberán conseguir escapar del Claro y del Laberinto por fin, o de lo contrario morirán todos (nunca debe faltar un buen aliciente para trabajar bien).

Y ahora, mientras todos los demás los odian por haber puesto fin (a nadie le importa que haya sido sin querer) a su Claro de la Anodina Comunidad Amnésica (C.A.C.A.), Thomas y la Chica deberán ser los cerebros pensantes que consigan sacarlos a todos de allí antes de que se acabe el tiempo (sin presiones).

***

Para ser sincera, empecé este libro tres veces antes de ser capaz de superar las primeras páginas, tan lentas son. Pero una vez pasé de ahí, ya no pude dejarlo más. No siempre fue original ni siempre fue imprevisible, y desde ese punto de vista tal vez debería restarle una estrella a la crítica, pero lo cierto es que el libro no se merece esa rebaja. Se ha ganado las 5 estrellas a pulso, porque:

Tiene un ritmo impecable, una narración ágil, momentos más divertidos y más aterradores y más tiernos, una levísima pincelada de romance, unos personajes muy bien perfilados (es increíble, pero la personalidad es un concepto que existe en la realidad) y un final tan abierto como la boca de un león en medio de un bostezo.

Acaba de entrar por la puerta grande en el Club Vip De Las Trilogías Sobre Hechos Angustiosos En Las Que No Puedes Parar De Leer, junto a los Juegos y a la Cose (tendré que buscarle un apodo también a este libro). En este caso, el segundo tomo se titulará The Scorch Trials (aproximadamente: Las Pruebas de la Quemadura, y esta portada de la derecha sólo es provisional), y saldrá a la venta en inglés el próximo mes de octubre. La tercera entrega tiene el título (supongo que provisional) de The Death Cure (como suena: La Cura de la Muerte), y no saldrá a la venta hasta finales de 2011. Ya que se han adquirido los derechos, esperemos que el primero se publique en español antes de eso...

Y para terminar por fin, algo de información aleatoria: el ilustrador de las portadas se llama Phillip Straub; la imagen completa (que para mi gusto recortaron demasiado, aunque casi mejor que no hayan salido las caras borrosas) la podéis ver aquí abajo, y este viene a ser, exactamente, el Laberinto de la discordia:



Para saber más, descargar cosas y jugar a un minijuego muy lujoso, podéis visitar la web oficial del libro.