viernes, 24 de julio de 2009

Odio la lluvia


Odio la llovizna fina y tonta que no cae, sino que flota en el aire como si tuviera derecho a hacerlo. Odio el aguacero voluble, con viento y sin viento, con frío y sin frío, que cae derrumbándose sobre el suelo como un castigo. Odio la lluvia persistente, que moja el suelo una hora y otra hora y un día y otro día. Odio la lluvia cuando chispea y cuando llueve con ganas, y también cuando caen gotas como piedras y cuando son lluvias torrenciales. Odio la lluvia porque es lluvia, sea en tempestad, en cortina, en remolino, en aguacero, en chaparrón, e incluso odio la niebla, aunque la niebla no sea lluvia, porque ambas son como hermanas.

Odio las gotas que se empeñan en escalar tozudamente por mis pantalones y en enterrarse en la profundidad de mis zapatos, con el único fin de calarme hasta el tuétano. Odio a aquellas que se acomodan entre mis pestañas, entre mis cejas, entre mi pelo, junto a mi boca, sobre mis ojos.

Odio el color gris que el mundo entero adquiere cuando llueve, diluyendo la paleta de colores a una gama entre verde grisáceo y azul grisáceo y rojo grisáceo y el más puro, apagado, anodino y triste gris. Odio que la mañana parezca mediodía y el mediodía parezca mañana y la tarde pase en un suspiro hasta llegar a la noche.

Odio el suelo mojado, porque cuando llueve todo está hecho de barro húmedo, fresco y sucio. La hierba embarrada, la tierra embarrada, incluso el cemento más duro está embarrado, y todos se ponen de acuerdo para sonar disonantemente en una onomatopeya de barro líquido.

Odio los charcos, los ríos en las cuestas, las cataratas alborotadoras cayendo en desorden por las escaleras.

Odio el ruido que hace la lluvia al caer, porque a la lluvia no parece bastarle el robarle al mundo la luz, el color, el calor e incluso el suelo. También necesita recordarnos constantemente que está cayendo. Para que no podamos ignorarla, para que no podamos vivir sin ella, para que no podamos olvidar ni un solo segundo que dondequiera que vayamos allí estará ella.

Odio las ciudades submarinas en las que no se puede sino respirar agua.

Odio el campo verde.

Odio el bosque que nunca termina de estar seco.

Odio las oscuras nubes bravuconas.

Odio los refranes que siempre prometen más agua.

Odio la lluvia.

7 comentarios:

oO mâr!âNâ Oo dijo...

Bellamente escrito, un deleite total

Saludos ^^

Ainé dijo...

Me ha encantado, bravo, bravisimo!
Aunque a mi la lluvia si que me gusta.
MuaK!

hojadeluna dijo...

jajaj, que cosas a mi me pasa todo lo opuesto que dice alli, me encanta la lluvia.,...para resumir, por lo gris, por lo triste, por lo humeda... Pero esta muy bien escrito, asi q: ¡BUEN TRABAJO!

Tempe dijo...

Uf! :) Me ha encanatdo, guapa! ;) Desde luego, no se puede expresar mejor ni con más ahínco el odio a la lluvia. XD

Erga dijo...

Qué entrada tan rara. Pero mola.

barnsdale11 dijo...

@Erga: tienes que entenderlo, fue un verano horroroso, no paró de llover en más de dos meses! O.o Pero muchas gracias :)

Florencia(tilkara) dijo...

Precioso tu blog....hace poco lo descubrí y me encantan tus reseñas.
Entiendo que fuera un verano lluvioso, pero yo cambiaria la palabra odio por amo y para mí quedaría perfecto....jajajaja perdona pero soy meteoróloga.
Escribes estupendo!!!!!!!!!!!
No veo nada reciente en el blog, ya no estas trabajando más en el?